Carlos López

 
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Mi vida antes de Cristo era desordenada, pensaba que todo era fácil y sencillo, y que podía hacer todo en mis fuerzas, que el dinero era la solución para todo en mi vida. Sin embargo, el dinero fue el que me condujo a estar en pecado, me llevó a tocar fondo y a rodearme de malas amistades, llevándome a encontrar refugio en el alcohol y a cometer malas acciones. Llegó un momento en mi vida donde el alcohol estaba controlándome, hasta el punto de sentir que podía perder a mi familia. Mi esposa Telma oraba por mí para que yo cambiara, pero fueron momentos muy difíciles, cuando yo decía: ‘hasta aquí, ya no más’, era cuando más bebía y más difícil era para mí alejarme del alcohol. Este proceso duró 2 años, oraba con mi esposa regularmente y fue solo hasta que un día llegué a casa y le pedí a mi esposa y mi hija que oraran por mí, fue en ese momento cuando por fin le dije al Señor: ‘aquí estoy, si de algo te sirve mi vida, úsame’. Los siguientes años no fueron los más fáciles, pero desde ese día comencé a hacer las cosas de la mejor manera posible.

Pasaron los años y Dios me empezó a dar oportunidades para servirle, hasta que llegó un momento decisivo cuando el pastor Ben me invitó a iniciar una iglesia, aunque yo me negaba a esto porque creía que ya había suficientes iglesias como para crear otra. Sin embargo, fue en ese proceso que descubrí que necesitaba tener una relación más profunda con Dios, porque a pesar de los años, del cambio y del servicio, no había una relación verdadera con Él, necesitaba reconocer que Él era todo en mí y que en mis propias fuerzas no podía hacer nada. Ese fue un tiempo difícil en donde Dios estuvo haciéndome llamados de atención para conocerlo más, pero sabía que Dios estaba tocando hasta lo último de mí. Fue hasta Enero 9 del 2018, cuando en un retiro dije: ‘Señor aquí estoy, quiero servirte’ y tomé la decisión de bautizarme.

Luego de todo esto, se inicia el proceso con la Iglesia Nueva Vida. Fue algo muy especial porque empecé a ver cómo podía tener una relación profunda con Dios y desde ese día no quiero alejarme de Él. Pese a lo difícil que es vivir en una cultura tradicional como la de Guatemala, seguir a Jesús ha sido todo un desafío pero Dios ha dado la provisión, el soporte y el camino para seguir adelante. Me he dado cuenta que no hay nada más hermoso que seguir a Jesús y tener una relación con Él. Lo he experimentado y lo vivo cada día agradeciéndole por haberme permitido llegar hasta tan lejos, aun sin merecerlo.

Hoy mi oración es que toda mi familia pueda conocer a Dios y también puedan tener una relación con Él. No puedo encontrar más gozo que alabándole y sintiendo Su presencia. Puedo decir: ‘gracias Dios por haberme dado esta oportunidad en mi vida, no la quiero perder’.