Dina Landaverde

 
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He sido una persona que siempre ha estado en los caminos de Dios. Desde pequeña, mis abuelos me llevaban a la iglesia, pero después de que muriera mi abuela, mi vida ya no fue igual. Yo me crié con ellos y cuando tenía nueve años tuve que llegar a la casa de mi madre. Para mí eso fue como un infierno, yo no la quería a ella y ella no me quería a mí.

Dios tocó mi corazón a la edad de diez años. Empecé a ir a la iglesia y desde ahí comenzó a transformarme; Él me cuidó desde la niñez. Asistía a grupos de jóvenes y de los Exploradores del Reino. Mis padres no eran cristianos pero me dejaban salir a la calle porque sabían que yo iba a la iglesia, aunque me decían que estaba loca, con el tiempo Dios fue tocando sus vidas también.

Cuando llegué a mi juventud me desvié un poco de Dios, tenía unos veinte años y por la Universidad, dejé de ir a la iglesia porque no tenía tiempo. Fueron dos años que estuve alejada de la iglesia pero al tiempo regresé, ya que me sentía sola y sabía que no podía seguir adelante porque necesitaba a Dios. Mi vida cambió en este tiempo y desde ahí no me he vuelto a alejar.

A lo largo de mi vida he luchado con algunas cosas; cuando me casé luchaba con mi esposo, porque a pesar de que lo conocí en la iglesia, él no crecía espiritualmente y llegamos al punto donde nos divorciamos porque él no cambiaba, quería seguir haciendo las cosas que no eran de Dios y yo sentía que no era la vida que debía seguir. Era alguien que no quería nada con Dios y eso me ponía triste, sin embargo yo decía: “Dios, Tú estás conmigo y sé que nunca me vas a abandonar.” Cuando nos divorciamos ya tenía a mis dos hijos y ahí me aferré aún más de la mano de Dios. Pude salir adelante gracias a Él.

Actualmente sirvo en la iglesia dando clases a los niños en la escuela dominical. Me gusta que los muchachos busquen de Dios por todas las cosas por las que uno pasa en la vida. También ayudo en la cocina cuando puedo, invito gente a la iglesia y visito personas.

Lo principal que necesitamos en nuestras vidas es a Cristo. Yo los invito a que busquen de Dios porque sin Él no somos nada. Sin Dios desfallecemos a cada momento, pero si estamos agarrados de Él podemos superar cualquier prueba. Como dice la palabra, las pruebas vienen para afinarte, para que seas como oro pulido, para poder crecer más en Él.

Eso es lo que yo he aprendido en mi vida; he aprendido, he crecido y Dios nunca me ha dejado. Esto lo puede experimentar cada persona que se entrega a Cristo, Él siempre es la salida y tiene la respuesta. Siempre va a responder a su tiempo. Tenemos que ser pacientes y tener fe.