Humberta Muñoz

 
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Yo era una persona sin esperanzas de nada. Estaba un poco perdida en las cosas del mundo, me gustaba salir a bailar, tomar alcohol y fumar. Cuando llegué a Estados Unidos hace unos catorce años, fui a una iglesia donde Dios tocó mi corazón por medio de una predicación y ahí acepté a Jesús como mi Salvador. No me arrepiento de haber tomado ese paso de fe, porque desde ese momento mi vida cambió para bien.

Ahora sé que no soy perfecta pero trato día a día de hacer lo correcto. Cuando hago algo malo le pido perdón a Dios y trato de no seguir haciéndolo. Mi solución ahora es Jesús. Cuando tengo problemas con mis hijos o mi esposo me refugio en Dios, cuando antes no hacía eso, ya que, solía refugiarme en otras cosas que no complacían a Dios. Hoy si fallo, me arrepiento e intento mejorar para estar bien con Él.

Hoy en día, sirvo lo más que puedo en la iglesia: cuidando a los niños más pequeños, en la cafetería y en el ministerio de limpieza. 

Jesús es el único que puede salvar. En los momentos de soledad y de tristeza, Él es el que llena ese vacío que sientes cuando no lo conoces. Les invito a que se acerquen para que experimenten el amor de Dios.