José Mier

 
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Antes de conocer a Jesús yo era un muchacho rebelde, me gustaba salir, divertirme y no tenía temor de Dios. No me importaba si había consecuencias de lo que hacía, sólo me importaba divertirme. Tampoco me importaban las personas, nada más me interesaba en lo que yo hacía y lo que me convenía.

Mi familia asistía a la iglesia pero yo estaba un poco confundido, tenía muchas preguntas y no entendía muy bien lo que Dios quería para mi vida. Un día escuché una predicación y Dios me habló. Ahí empecé a entender lo que en verdad es la gracia de Dios, Su misericordia y como Él tuvo compasión de mí aún yo estando en rebeldía.

Ahora soy totalmente diferente, tomo a Dios como prioridad y todo lo que hago es para agradarle a Él y más que todo trato de guiar a mi familia, a mis hijos y mi esposa a una integridad con Cristo donde ellos también puedan personalmente tener un encuentro íntimo con Dios. A parte de esto, ahora me doy cuenta de que Él nos manda que hagamos discípulos y que podamos quitar el ‘’yo’’ de nosotros mismos y buscar a aquellas personas que tal vez se encuentran donde uno estaba antes. No se trata de una religión, de una iglesia o de las personas; se trata de tener una relación íntima con Dios donde podamos entender su propósito en nuestras vidas.

Aprendí a tocar la guitarra en una iglesia a la que asistía antes. Me di cuenta de la habilidad que tenía para tocar música y cantar, me empecé a interesar más y ahora continúo sirviendo en la alabanza aquí en la iglesia Nueva Vida Indianápolis.

Les invito a que se den la oportunidad de conocer lo que en verdad es Dios y el poder que Él tiene para transformar cada necesidad, cada clamor, cada suplica en gozo y paz en nuestros corazones. Él nos da sabiduría para que cada decisión que tomamos sea para salir adelante. En sus caminos hay victoria y esa es la esperanza que Él nos da.