Antonio González

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Mi vida antes de Cristo eran drogas, alcohol y mujeres. Nunca pensé que el llegar a conocer a Cristo me iba a cambiar tanto la vida.

En México conocí a una persona cristiana, ella me acercó a Cristo. Un día me hizo hacer una oración para yo aceptar a Cristo y decidí hacerla sólo para que no me molestara más. Después de eso yo seguí mi vida normal tomando y yendo a fiestas. Dañé a muchas personas, yo mismo me lastimé también. No encontraba paz conmigo mismo, pero sabía que Dios me estaba cuidando, siempre me acerqué a Él, ya que era católico creyente, pero no asistía mucho a la iglesia.

Hice pasar a mi familia por muchas dificultades, por muchas vergüenzas porque me gustaba robar. Sentía que eso era lo que yo quería pero a la vez no lo sentía, algo dentro de mí me decía que estaba mal.

Al llegar a Estados unidos, continué con los vicios. Me junté con la mama de mi hijo, pero luego de separarnos, yo regresé a la iglesia después de un año sin asistir, ya que a ella no le gustaba. Yo sentía que ese era mi lugar, desde la primera vez que llegué. Vine por un evento que hubo por el día del niño y al escuchar las canciones y estar ahí sentí que algo me atraía, Dios me fue hablando poco a poco. Con el transcurrir del tiempo me separé y pasé mucho dolor, tanto, que hasta llegué a pensar en quitarme la vida porque sentí que había perdido a mi hijo, a mi familia.

Un día me acerqué a la iglesia y estuve hablando con el pastor, yo estaba muy mal, físicamente de pie pero con el corazón y el alma destrozados. Ese día el pastor me dijo algo que se me quedó en la mente grabado, me hizo ver el gran ejemplo que podía llegar a ser para mi hijo, ser su héroe, amigo y confidente. Tomé la decisión de volver a la iglesia y congregarme. Al regresar, el impacto fue más fuerte que la primera vez que conocí de Dios, empecé a tener más experiencias con Él, comencé a orar con más devoción y con desesperación. Yo seguía teniendo un sentimiento hacia la madre de mi hijo pero Dios me hizo ver que ese no era mi camino y que no era lo que Él me tenía preparado para mí. Yo lloraba y le pedía que me sacara ese sentimiento.

Cuando ellos se fueron de la casa, pensé en destrozarlo todo. Esa vez llegué a mi casa, abrí la puerta y quería acabar con todo, pero Dios estaba ahí y lo único que hice fue arrodillarme y pedirle que me dijera cual era mi camino. Esa vez yo estaba arrodillado en el suelo y le pedí a Dios que me iluminara y Él me dijo: Levántate porque tu hijo todavía te necesita. Eso me hizo cambiar y yo comencé a seguirle y a orar. Aquí en la iglesia Nueva Vida Indy siempre me han apoyado, aquí me siento con paz y tranquilidad.
 
Hoy en día llevo el ministerio de oración de todos los días, soy maestro dominical y gracias a Dios sigo en pie. Ahora estoy casado con una mujer que también conoce el evangelio. Estoy contento porque Dios me ha abierto muchas puertas y ahora he empezado un nuevo camino con una persona y sé que Dios va conmigo, con nosotros.