Maira Jeronimo

 
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Aunque crecí en una familia cristiana, sabía que mi papá no seguía a Dios de corazón, por eso tuve una infancia difícil y muy marcada por el dolor, el sufrimiento y abusos que llenaron mi corazón de rencores, esto hizo que no me sometiera a Dios de ninguna manera. Cuando tuve 17 años empecé a andar en la calle, ahí mi vida se tornó muy desordenada y hacía muchas cosas malas, que aunque sabía que estaban mal, las seguía haciendo. A pesar de todo esto, mi mamá nunca dejó de orar por mí y mis demás hermanos, y ahora sé que gracias a esas oraciones Dios nunca me abandonó. Luego de un tiempo tuve a mis hijos, y cuando llegaron quise cambiar por ellos, pero sufrí el rechazo de su padre, quien me maltrataba haciendo cosas que me fueron marcando y que no me dejaban avanzar en mi vida espiritual. Aunque asistía a las iglesias evangélicas, todas esas heridas del pasado no me dejaban avanzar y creo que por eso no crecía espiritualmente.

El punto de quiebre para mí fue la muerte de mi mamá, ella siempre tenía la esperanza que todo iba a estar bien y a mejorar, ella estaba confiada en que se iba a ir con Dios. Entonces, ¿por qué yo no puedo tener la misma esperanza que tenía mi mamá? Cada día nos pedía a mi y mis hermanos que oráramos por ella, que cantáramos juntos. Todo este proceso me llenó de fe y esperanza, la misma que ella tuvo hasta el último de sus días.

Hacer parte de la Iglesia Nueva Vida Guatemala también fue un cambio total para mí, porque he podido recibir el amor que en mi casa nunca tuve, ahora recibo lo que en mi niñez no recibí, incluso cosas materiales, aquí vine a cambiar rotundamente. Me han enseñado a valorarme más, a quererme más, a querer a los demás como Dios nos enseña, por eso sé que el Señor me trajo aquí para cambiar mi vida. Gracias al ejemplo de mi mamá y a mis hijos, tengo la fuerza en Dios para seguir cambiando día a día y lo voy a seguir haciendo porque sé que Dios merece eso y mucho más de mi parte, Él ha hecho mucho más por mí.

Ahora me siento muy bien, aunque creo que hay muchas más cosas en mi vida que necesito trabajar, pero con Dios como el centro de mi vida y de mi familia sé que las cosas serán cada día mejor. A través de las cosas que me pasaron, Dios me ayudó para que mi fe creciera, mi confianza está más fuerte en Él y le pido que esa fe y confianza siga creciendo mucho más para que mis hijos también tengan la seguridad que Dios nunca nos abandona, siempre está con nosotros y solo hay que dejarnos guiar por Él para que nos use y nos moldee. Él puede hacerlo todo.